lunes, 28 de noviembre de 2011

Acuoso el deseo se sumerge despacio
en corrientes de pieles
que se rozan insinuantes,
mojando intensamente
el altar del culto al placer
mientras ángeles cuidan los ojos
que se queman con la antorcha divina
del volver a nacer.
Delicada acupuntura de toques precisos
que libera el exquisito aroma de arena y de mar.
Erizos que ofrecen su corazón latente
devorando el aliento con ansia febril.
Desiertos los poros se convierten en Oasis;
islas lejanas de sentimientos dormidos.
Alimentan los labios hambrientos de ternura
y el es sexo la impronta de sutiles caricias
La pasión compensada en abrazos sin fin.
El amor se disfraza de instinto absoluto
ricas esencias en mi cuerpo de ti.
Pruebas la sal de mis mares tranquilos
tormenta desatas en pleno día de sol
bañas la costa de abruptas heridas
y suavizas mi alma mientras me alejo de ti.

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